En nombre de la salud buscamos un cuerpo sano, fuerte y flexible, asociado directamente con la belleza y el cuidado personal. Casi todos estamos convencidos de que el camino para lograr estos objetivos se forja en el seno de los gimnasios, a base de repetir y repetir ciertos movimientos con pesas y máquinas.
En efecto, las rutinas intensas construyen músculos voluminosos y transforman el cuerpo. Pero estos músculos son rígidos, perdemos agilidad, naturalidad, coordinación y flexibilidad. Estamos más propensos a las lesiones y, claramente, sentimos que algo falta para sentirnos en pleno bienestar.
No es suficiente con tonificar y aumentar el volumen muscular. Tener un cuadriceps espectacular no está directamente relacionado con tener la flexibilidad para doblarse hacia el suelo y recoger una moneda, o para mantener el equilibrio cuando esquivamos un coche. Tampoco ayuda a tener la mente clara, ágil y creativa, ni a aliviar las molestias derivadas de la tensión o del estrés.
Se necesita más que ser fuerte. Se necesita un trabajo global que rete a la mente además del cuerpo. En este ámbito, el Yoga y el Pilates toman relevo.
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